El caso EUrsula von der Leyen: cuando los medios de comunicación franceses (y de la UE) hacen caso omiso del deber de informar.

Rápida traducción artificial (lo siento) del artículo de France Soir del 25/04/2023 sobre el caso EUrsula von der Leyen.

JUSTICIA – Tras la presentación de una querella criminal en Bélgica contra la presidenta de la Comisión Europea, el llamado asunto de los SMS da un nuevo giro. El juez encargado de la investigación tendrá ahora acceso a los mensajes intercambiados en secreto entre Ursula von der Leyen y Albert Bourla, director general de Pfizer. Debido a la sospecha de que un megacontrato para la compra de vacunas se negoció “fuera del marco”, sería un delito penal no entregar estos mensajes SMS, que se consideran documentos administrativos. Si se destruyen, la Presidenta von der Leyen, como funcionaria pública, tendrá que dar explicaciones ante los tribunales. El rebote de este asunto, que podría revelar la existencia de “un pacto de corrupción”, según la abogada francesa Diane Protat, no se menciona en absoluto en la prensa francesa, con las raras excepciones de France-Soir y l’Humanité. Pero, ¿qué ha sido del deber de informar?

Se ha escrito mucho sobre los contratos de vacunas negociados por SMS entre Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, y Albert Bourla, Presidente del gigante farmacéutico Pfizer.

Varios artículos se han ocupado de detallar los vericuetos administrativos del caso, cuando los eurodiputados invitaron sin éxito en dos ocasiones al presidente de Pfizer a acudir a dar explicaciones al Parlamento Europeo.

¿Conflictos de intereses? ¿Corrupción?

Desde octubre de 2022 está en marcha una investigación en el seno de las propias autoridades europeas. Posteriormente, en diciembre, la asociación BonSens inició un procedimiento ante el Tribunal del Estado de Nueva York para obtener la publicación de los famosos mensajes SMS, que levantan serias sospechas de conflictos de intereses, o incluso de corrupción, contra el Presidente de la Comisión Europea.

En efecto, no hay constancia oficial de las condiciones exactas de la negociación del gigantesco tercer contrato de compra de vacunas de Pfizer, que afecta a 1.800 millones de dosis, por un importe de más de 70.000 millones de euros.

Aunque esta maniobra no tuvo mucha repercusión en la prensa, el 25 de enero de 2023, el New York Times (NYT) demandó a su vez a la Comisión Europea por un motivo similar.

El 5 de abril de 2023, el lobista Frédéric Baldan presentó una nueva denuncia, esta vez en Bélgica, ante el juez de instrucción Frenay de Lieja. Su denuncia se refiere directamente a la cuestión del tercer contrato de compra de vacunas y al hecho de que se negoció claramente fuera del marco habitual de negociación de este tipo de contratos, pasando por alto un comité directivo encargado de evaluar las ofertas. Ursula von der Leyen no tiene mandato para intervenir en este tipo de contratos.

La ley belga tiene una particularidad. Un funcionario público que infrinja arbitrariamente un derecho garantizado por la Constitución se arriesga a ser encarcelado (artículo 151 del Código Penal). En este caso, el derecho a permitir a cualquier ciudadano el acceso a documentos administrativos.

Así pues, se registra una denuncia con constitución automática en parte civil (al contrario que en Francia, no es necesaria la decisión del juez de remitir el caso a la fiscalía) por usurpación de funciones, usurpación de título, destrucción de documentos públicos, apropiación indebida de intereses y corrupción.

Este caso es un auténtico terremoto en la escena política europea, ya afectada por las sospechas de corrupción contra la Comisaria europea encargada de Sanidad, Stella Kyriakidou, y el escándalo QatarGate.

Mala gestión

Aunque las autoridades europeas no han querido permitir que los ciudadanos arrojen luz sobre las costosas condiciones de compra de las vacunas, es posible que se haya encontrado una solución judicial a nivel de un Estado y de su jurisdicción, en este caso Bélgica.

Por otra parte, una docena de Estados europeos, entre ellos Polonia y Bulgaria, cuestionan ahora el precio de compra de las dosis y se preocupan por la obligación de recomendar productos que, más allá de su eficacia real o no, ya no son útiles cuando la epidemia de Covid-19 ha terminado.

n Francia, 46 millones de dosis siguen en manos de la administración sanitaria y se desperdiciarán. En Italia se desperdician más de 30 millones de dosis y en Bélgica más de 10 millones. Un auténtico despilfarro. ¿Cómo podemos apoyar -o haber apoyado- la idea de que luego tengamos que comprar dosis adicionales so pena de ser demandados por incumplimiento de un contrato comercial… que nadie puede consultar? O, peor aún, ¿un acuerdo secreto y connivente realizado en el transcurso del envío de un SMS?

Esta situación, toda en beneficio de la industria farmacéutica, y principalmente a Pfizer, que ha asaltado más de tres cuartas partes de los contratos de venta, ha llevado a Michèle Rivasi, diputada europea de Europe Ecologie-Les Verts (EELV) a afirmar:

“Parece que son las empresas farmacéuticas las que tienen la sartén por el mango en la Comisión Europea”.

La eurodiputada pudo expresarse y detallar el asunto con nuestros colegas de l’Humanité, que llevan varias semanas investigando el asunto en su canal de YouTube. Valeurs actuelles (diario francés) abordó el tema en una columna de Patricia de Sagazan. La web europea de noticias Euractiv se hizo eco de la información. Sud-Radio cubrió la noticia con André Bercoff, y dio la palabra a Maître Protat y Frédéric Baldan.

Y eso es todo, con la excepción de France-Soir, que ha seguido este drama judicial desde el principio.

Un silencio desastroso para la democracia

Un culebrón que podría convertirse en un gran escándalo judicial y político. En efecto, la Presidenta de la Comisión Europea, que ya tiene un pasado problemático con la justicia alemana cuando era Ministra de Defensa, ha dado muchas muestras preocupantes de amistad hacia Albert Bourla.

La naturaleza de los mensajes de texto intercambiados debe ser expuesta al público para no desacreditar aún más a las instituciones europeas, que se han visto cortocircuitadas por el único deseo de von der Leyen de tratar este caso unilateralmente. Las instituciones europeas adolecen claramente de una preocupante debilidad estructural, a saber, que están demasiado expuestas al poder de los grupos de presión industriales y financieros.

Desde el inicio de la crisis sanitaria en 2020, los medios de comunicación franceses se han mostrado desarmantemente inactivos sobre estas cuestiones. Se ha olvidado la deontología de la Carta de Múnich, que debería garantizar a los ciudadanos una información objetiva y factual sobre los peligros que amenazan el bien público y el interés común.

Este silencio es grave para la democracia y la estabilidad de la esfera política en Europa. En un momento en que crece en Francia la desconfianza de los ciudadanos hacia los medios de comunicación, esta lamentable situación perjudica también a la imagen de Francia, que no reacciona ante los fallos de las instituciones supranacionales que ahora la gobiernan en gran medida.


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